01:15 h. Lunes, 26 de Junio de 2017

Tarifaaldia

¿A ver quién cojones molesta más?

Shus Terán Reyes | 01 de Junio de 2017

 

 

Si prefieres escuchar la opinión pincha a quí: http://cadenaser.com/emisora/2017/05/26/radio_algeciras/1495789629_254624.html 

 

 

“¡Atención! Ha llegado a su ciudad el tapicero”. Cómo si alguien pudiera inhibirse de la molesta y desagradable presencia de la tapizadora de sillones, tresillos, descalzadoras. Y no por cuestiones que tengan que ver con su digno oficio, sino con el persistente hecho que el tapicero publicita su servicio sea la hora que sea, a viva voz de megáfono insufrible, que cruza sus voces con el vendedor de Papas, o el vendedor de ajo –el ajoputa- o el que vende las naranjas “durce como el asúcar” en una sinfonía cacófona de a ver quién cojones puede molestar más.

La venta ambulante está prohibida, y la verdad es que me parece mal. Todo el mundo debería tener derecho a ganarse el jornal y a buscarse la vida honradamente, pero… si está prohibida y se hace la vista gorda, por mucho que estos vendedores les joda la marrana al tendero que paga rigurosamente sus impuestos, sus módulos y cualquier otra consideración fiscal a la que está sujeta su actividad económica, pues eso, si está prohibida por lo menos no me jodas. Y si llegas a la ciudad pues si te ven bien y si no… pues pones un cartelito.

Luego está el butano y el mengano. La forma de avisar por si quieres y necesitas cambiar la bombona es a base de una larga pulsación del claxon del camión o a base de mover y mover, y chocar entre si las botellas del gas generando un sonido estridente que más que recordarte si necesitas la bombona, te recuerda al árbol genealógico del butanero.

Capítulo aparte merecen esos camiones frigorífico que por la mañana te aparcan debajo de la ventana con el motor en marcha mientras descargan No importa que estén aparcados en la acera, ni sean las siete de la mañana. Ellos hacen su trabajo y que los demás se jodan. Pero la palma está en esos coches que recogen o dejan a los vecinos para llevarlos al trabajo, al médico o a dónde quieran que vayan. Con lo fácil que es darles un toquecito al móvil los muy convecinos, a pitar con el coche, porque yo lo valgo.

Y con la iglesia hemos topado. Porque el desatino de molestar también toca a la iglesia católica, apostólica y romana. Y no han sido pocos los empresarios hoteleros del centro histórico que me han pedido por favor que hiciera mención a esta cuestión. Las campanas, porque a pesar de que en los albores del siglo XXI distinguido porque las nuevas tecnologías forman parte de nuestro día a día, la iglesia todavía llama a misa a base de campanazos. Así, lejos de mandar un SMS o tener a la feligresía agrupado en un grupo de WhatsApp, la nacional católica llamar al arrebato litúrgico con el din don de las de bronce para misa, bodas, funerales, bautizos y comuniones. Pero donde el tañido se hace molesto y queja de los empresarios es en el marcar del tiempo, con un progresivo y decreciente pasar de las horas. Los empresarios pusieron en conocimiento del Obispado estas molestias y recibieron el “pues hay que joderse” por respuesta porque esto es España y aquí hay que mamar.

De los jaleos nocturnos de las despedidas de solteros y solteras, con calles gritando “Yo soy español, español, español” y… “la novia cojonuda” a base de megáfonos nocturnos, hablaremos otro día, pues merece capítulo aparte. Al igual que el jaleo que generamos cuando disfrutamos de una terraza o las calles de los pubs en verano.

El asunto es que todo este rosario de molestias y ruidos van en contra de las propias normativas que como instrumento legislativo tienen las poblaciones. Pero lo que es peor, es que van en contra de la propia convivencia vecinal. Porque son un auténtico coñazo, que denota el poco sentido de convivencia que se tiene en este pueblo y en otras ciudades, y que no hace sino revelarnos el fracaso educativo de nuestra sociedad y subrayar el individualismo del que hacemos gala por encima de cualquier sentido de vecindad.

 

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