06:31 h. Sábado, 16 de Diciembre de 2017

Tarifaaldia

La calidad del turismo

Shus Terán Reyes | 19 de Agosto de 2015

La calidad del turismo no la determinan las carteras, sino las formas y educación

 

 

 

 

Estoy leyendo muchas entradas en facesbook y muchos comentarios sobre el turismo y el turismo de calidad. Y es que parece que la gente está confundiendo el ‘turismo de calidad’ con ‘turismo de alto standing’ y las dos cosas no son iguales.

 

Tarifa ha sido destino de miles de jóvenes, de miles de personas que sobre todo en verano han buscado la marcha, la movida, sus playas y sus beldades. Pero no de ahora. No desde que está Juan Andrés de alcalde, sino mucho antes incluso de cuando nuestro insigne regidor era un feriante.

 

El municipio ha sido destino vacacional desde los años 80 en los que explotó de levantera sacándole el mejor de los partidos a su triste condena. Desde entonces y para acá, han venido pisando la fina arena de nuestras playas y el empedrado tarifeño cientos, miles de turistas con más o menos calderilla en sus bolsillos. No hacía falta tener la cartera desbordada de papeles verdes (hoy morados) para ser turistas de calidad.

 

Se era turista de calidad si venías con tu furgoneta y tus tablas y te gastabas lo que podías en el camping familiar o en la tienda del barrio.

 

Era turista de calidad, el que venía a la Residencia de Suboficiales o de oficiales, aunque no fuera militar pero tuviese contactos, y se pegaba tres semanas en el pueblo mientras sus hijos hacían pandilla con los hijos de los aldeanos.

 

Se era turista de calidad, si te quedabas cinco días en pelota picada en una cala escondida de Paloma.

 

Era turista de calidad, quién cada año reservaba sus dos semanas en la Pensión Medina, o Concha Mayo

 

Se era turista de calidad, aunque se alquilase el piso del primo de tu cuñado y se metiera uno un mes de agosto entero en Cardenal Cisneros con toda la prole, dos sobrinos y los suegros.

 

Era turista de calidad, el que venía a casa de su hermano o a la antigua casa de los viejos.

 

Eran turistas de calidad, quienes siendo de Tarifa iban cada domingo a La Ponderosa, a la Tasca de Chan, al Patio o a tomar mayonesa a lo de Reyes.

 

Porque a diferencia de lo que piensan algunos, la calidad del turismo no lo da el dinero que tienen quienes vengan a Tarifa. La calidad del turismo la marca la educación y las formas de quienes vienen a Tarifa.

 

Y eso es lo que se ha perdido en Tarifa (y mucho me temo que en otros sitios también), las formas y la educación. El saber divertirse sin darle por culo al vecino. Despedirse de soltero en Tarifa pasando una velada inolvidable con tus amigos sin necesidad de encasquetarse un pene de goma en la cabeza, ataviarse con la prenda más ridícula y sin tener que dar gritos con un megáfono en mano a las seis de la mañana cantando que se es muy español y otros escuajos.

 

Puede uno o una -es más debe de- venir a Tarifa- a disfrutar de la pasión y el sexo y…. será por kilómetros cuadrados y entornos naturales que despierten la libido dando además la privacidad que necesita tan placentero momento, sin necesidad de hacer del sexo algo tan obsceno y sucio como el ver a dos personas revolcadas en plena calle convertidos en el video del verano.

 

Se puede venir a Tarifa y disfrutar su noche y tomar lo que se tenga que tomar y no por ello dejar a nuestro paso el sendero del caballo de Atila.

 

Se puede, se debe de venir a Tarifa a disfrutarla y hacer un turismo de calidad aunque sea con los bolsillos vacíos, pero el corazón y la mente llenos de buena voluntad. Porque la calidad del turismo, insisto, no la da el que vengan los cuatro ricachuelos de turno con sus carteras llenas. Esos que vengan y se hagan la foto con quienes les gusta codearse con ellos.

 

Los hay niños de papás con las carteras repletas de billetes, que la emprenden a ladrillazos con un escaparate rezumando alcoholes baratos. Los hay hijos de pobres trabajadores que, con el monedero vacío también saben usar un ladrillo para hacer daño. Nada tiene que ver por tanto el poder adquisitivo y sí las formas.

 

La calidad del turismo la determinan las personas que se enamoran de este rincón, lo adoran, lo respetan y velan porque siga siendo un lugar encantador. Un lugar que muchos ya no reconocen. Qué pena!

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