13:22 h. Domingo, 20 de Agosto de 2017

Tarifaaldia

Cartas del lector

| 25 de Junio de 2014

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Entidades bancarias como La Caixa siguen a flote por el sacrificio de millones de ahorradores como yo que, a base de recortes y pérdida de derechos, hemos saneado gratis sus cuentas, lastradas por la especulación y los salarios millonarios de sus consejos de administración

Estimado Director,

Quisiera que esta carta fuese muchas cosas: una denuncia, una queja, un grito de rabia... Pero, sobre todo, la constatación de un hecho triste y alarmante: se nos llena la boca de igualdad y justicia, pero lo cierto es que pasan los años y los ciudadanos seguimos indefensos ante los atropellos de los poderosos. Abusos anónimos que, como en mi caso, se dan a diario, sin que apenas encuentren eco en los medios o solidaridad en nuestra sociedad. Quién iba a decirme que, vivida la dictadura franquista, la Transición, la recuperación de las libertades, las muchas crisis que han asolado este país, hasta llegar a ésta que nos lo ha quitado casi todo, iba a verme desamparada: ¿realmente ha servido de algo este camino de aprendizaje individual y colectivo?

Mi caso es sencillo. El impago excepcional y sin precedentes (porque siempre he sido cumplidora de mis obligaciones) de la cuota de un préstamo que tengo contraído con La Caixa en su sucursal de Tarifa, por razones de pura coyuntura y desde la voluntad de enmendarlo de inmediato, dio pie a una verdadera pesadilla que no deseo a nadie. Sin mediar comunicación alguna y sin que se me concediese el beneficio de la duda como cliente veterana, La Caixa toma el control de mis cuentas y decide unilateralmente devolver recibos ya abonados, con el fin de cobrarse la cuota impagada. La usurpación sin autorización de mis finanzas, ya de por sí escandalosa y humillante (mi abogado afirma muy gráficamente que es como si dejas la llave de tu casa en confianza a un amigo y te la desvalija al primer descuido), tiene otras consecuencias: debo volver a pagar compras y servicios ya abonados en su día, dejándome casi en la ruina, sin credibilidad como consumidora ante numerosas empresas, y al borde del desahucio, con dificultades para asumir el pago de servicios básicos como la luz, el agua o el teléfono. A esto se añade un importe no autorizado y de concepto desconocido en mi tarjeta de 29,86 euros. Y me pregunto: ¿hay derecho a esto?

 

Quiero recordar que entidades bancarias como La Caixa siguen a flote por el sacrificio de millones de ahorradores como yo que, a base de recortes y pérdida de derechos, hemos saneado gratis sus cuentas, lastradas por la especulación y los salarios millonarios de sus consejos de administración. ¿Y que tanto dolor no haya servido para que en 2014 exista una relación de igualdad, de tú a tú, entre clientes y bancos? Sólo me queda esperar que la justicia y esta carta pongan a cada uno en su sitio: algunos se dicen empleados de la banca, pero son simples usureros que no tienen ni siquiera el valor de recibir a alguien en su despacho y ofrecer una explicación.

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