17:13 h. Domingo, 20 de Agosto de 2017

Tarifaaldia

UN PASEO POR EL PARAISO

El sendero Los Algarbes-Betijuelo, un paseo por la cultura y la naturaleza

La realización del sendero Los Algarbes-Betijuelo se convierte en una síntesis de las beldades naturales y se convierte en un mirador natural del Estrecho

 

Shus Terán Reyes  |  31 de Marzo de 2014 (09:42 h.)
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LosalgarbesBetijuelo 036
LosalgarbesBetijuelo 036

El término municipal de Tarifa es, además de uno de los más extensos de no solo la provincia de Cádiz, sino de toda Andalucía, uno de los más bellos paisajísticamente tanto por su singularidad geográfica, en el punto más meridional de Europa y a tan solo 14 kilómetros del continentes africano, como por sus beldades naturales, ya que dentro de su ámbito se encuentran dos parques naturales y una reserva de la Biosfera. Es por ello por lo que a nadie ha de extrañar que tan extenso y rico territorio esté marcado por innumerables senderos, caminos y veredas que permiten al transeúnte, estimular las condiciones físicas a la par que obtener una clase magistral de naturaleza y conocimiento del medio.

Así, hemos decidido realizar una de estas rutas que transcurre por entre parajes singulares e históricos, como es sin duda alguna el sendero Los Algarbes-Betijuelo. Un paseo de casi unos 8 kilómetros que iniciaremos en el cruce de Paloma de la N-340, hasta donde llegaremos y dejaremos el vehículo  para recorrer un kilómetro escaso de la A-2325 hasta la zona conocida como “El Pajar” desde donde iniciaremos la ruta senderista. Allí junto al monolito que recuerda al querido investigador Lothar Bergmann, cuya presencia –para quienes tuvimos la suerte de conocerlo- se hace presente en muchos de los tramos.

Damos nuestros primeros pasos y pronto, a nuestra izquierda, siguiendo un rumbo Noroeste, divisamos la Necrópolis de Los Algarbes. Una belleza patrimonial formada por un conjunto de cuevas artificiales excavadas en una mole rocosa de arenisca en diferentes niveles que data de finales del III milenio a. C. en la Edad del Bronce y que nos revela el importante legado histórico de la localidad. Avanzamos algunos metros más hasta que el camino de zahorra desaparece de nuestros pies, se empina y se adentra por la espesura de los matorrales que se elevan por encima de nuestras cabezas y decoran la arboleda que se nos regala. Tras cierta duda inicial, reencontramos el sendero a seguir y nos adentra por un pasillo verde cuyo trazado ha marcado el correr del agua de lluvia de otros tiempos y que está formado por alcornoques, eucalipto, lentiscos entre el que destaca un incipiente y solitario pinsapo. Más a ras de suelo palmas y palmitos delimitan el sendero y como si de una ventana natural se tratará se nos revela al fondo la pared rocosa que culmina la Sierra de Betis, referencia de la escalada en la provincia que sobrevuelan algunos majestuosos ejemplares de buitres leonados que allí tienen su morada. El camino se abre entonces y se hace más rocoso y en ocasiones dificultoso. Algo que no pueda solucionar un calzado apropiado. Las vacas pastan tranquilas entre el verdor los blancos y amarillos de los crisantemos, manzanillas de tintes y la jara morisca. O el rosado de la jara rizada que sobrevuelan las abejas. El rebuzno de un burro quiebra la tranquilidad del paseo, mientras ya divisamos el conjunto de casa que conforman “EL Betijuelo” al que rodearemos para iniciar justo a su altura el camino de retorno, pues nos encontramos justo en la mitad del sendero.

En el necesario descanso, la recompensa del punto alcanzado son las espectaculares vistas que desde esa zona tenemos de la ensenada de Valdevaqueros y la cordillera africana al otro lado del intenso mar azul. Desde el punto trigonométrico, a más de 300 metros sobre el nivel del mar, y echando la vista hacia el suroeste divisamos la ensenada blanca de Bolonia dónde resalta su duna declarada monumento natural. En momento quizás para reponer fuerzas con un buen bocado y agua que nos ayude antes de adentrarnos por el camino de vuelta flanqueado por altos pinos piñoneros que nos acompañarán hasta la finalización de nuestro recorrido

Tras reanudar la marcha, a medida que descendemos el suelo comienza a hacerse más arenoso, apareciendo especies singulares como retamas, enebros, sabinas, que nos escoltarán hasta llegar al espectacular cauce del Arroyo Puerco, donde la Erosión provoca que los pinos se mantengan casi colgados de las paredes del profundo barranco. Los troncos apilados formando grandes murallas de madera se apilan en el descenso al que se le intuye el final cuando divisamos la casa forestal. En la espesura del bosque de piñones, el olor a sal hace evidente la cercanía del mar, que pronto divisaremos entre las verdes y ocres ramas de los árboles. Poco después el camino se despeja y pronto, tras poco más de dos horas de paseo llegamos al final del camino alcanzando de nuevo la A-2325 que deberemos de desandar para concluir nuestra visita a un espectacular paraíso natural.

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