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Tarifaaldia

UN POTENCIAL DEL TURISMO ACTIVO Y DE NATURALEZA

La Isla de Tarifa, la joya que menos brilla del Parque Natural del Estrecho

Entre certeras explicaciones del guía y recreándonos con la belleza del entorno, vamos conociendo algo más de este bello rincón cerrado a cal y canto. Un espacio con más de 15 hectáreas útiles y 22 totales, que representa uno de los lugares de mayor valor medioambiental de la península

Shus Terán Reyes  |  18 de Junio de 2014 (08:09 h.)
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Desde que en Marzo del año de 2003 el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobase por decreto la declaración del Parque Natural del Estrecho, todos, desde administraciones, a grupos conservacionistas, pasando por políticos y particulares han apuntado a la Isla de Tarifa, la denominada “Al-Qantir” (la cantera) y posteriormente de Las Palomas, como “la joya de la corona del parque”. Sin embargo, y estudiada, reconocida y publicada biodiversidad, apuntando al istmo tarifeño como espacio de incalculable valor medioambiental, la “joya de la corona” apenas brilla, pues como dijo el primer presidente de la Junta Rectora del Parque Natural, Ildefonso Sena, “la mayor protección de un enclave natural es su puesta en valor y brindar su conocimiento a la población”.

Y es que desde hace mucho, mucho tiempo, la Isla de Tarifa, es un lugar inexpugnable, que solo se abre si se conoce a algún policía, Guardia Civil, se tiene un permiso especial de pesca o un permiso de visita. Eso y si se es un inmigrante clandestino y, tras habérsela jugado en una peligrosa travesía, se va a parar al Centro de Internamiento de Extranjero –CIE- que alberga de manera incomprensible como privador de libertad de numerosas personas, la isla supuestamente “de todos los tarifeños”.

Y es que la Isla fue durante tiempos inmemoriales -los más cercanos en el siglo XIV marcaría y en gran medida parte de su fisonomía como fortaleza del Estrecho- ubicación militar. En época moderna la convirtió en el cuartel de Infantería del Ejército. Allí recibieron instrucción militar innumerables personas en el Regimiento Álava XXII. Una vez que el servicio militar dejó de ser obligatorio, el acuartelamiento dejó de ser funcional y terminó despareciendo. Hace escasos años el Ministerio de Defensa desafectó los terrenos, pero la incursión del fenómeno de la inmigración, que casi a diario traía consigo un constante goteo de personas indocumentadas, hizo que el Ministerio del Interior reclamará para sí la isla, perdiéndose una ocasión de oro para que los tarifeños y visitantes pudieran disfrutar de este enclave.

Al hilo de las reciente celebrada Feria de Turismo Activo, y enmarcadas dentro de sus actividades exteriores, se ofertaron a través de la empresa Genatur una serie de visitas guiadas al enclave natural. Fue una oportunidad única para que muchos se rencontrarán con un entorno casi olvidado y otros lo descubrieran.

Nosotros nos decidimos hacerla el pasado sábado y de la mano del guía Fran Martínez tuvimos la oportunidad de redescubrir un enclave natural repleto de belleza natural y posibilidades futuras.

Con ropa cómoda, apelmazados por una fresca bruma de poniente, comenzamos la ruta hacia el sureste. Entre las antiguas ruinas militares pasamos por la que puede ser la colonia más poblada de gaviota de toda la península ibérica. De hecho la sobrepoblación de esta ave limícola adquiere tintes de plagas. El periodo de plena crianza de polluelos hace que estas aves territoriales sobrevuelen nuestras cabezas y se lancen sobre ellas de manera intimidatoria. El sonido de los graznidos se hace ensordecedor y se antoja un homenaje al genial Hitchcock. Anidan en el suelo que se nos descubre repleto del ‘limonium Sinuatum’ o siempreviva azul, que decoran el arenisco suelo de verdes, azules y morados. En algunas otras zonas, se encuentra un pariente, el ‘limonium emarginatum’, conocida como Limonio o saladina y que es una especie endémica, protegida y en riesgo de extinción. Una auténtica joya natural que solo se encuentra en Punta Carnero, Guadalmesí, la Isla o Punta Camarinal. Otra especie de flora interesante es el inojo marino que se derrama en la tirra que decora las oquedades de las escarpadas rocas.

En ese mismo lugar podemos observar antiguas tumbas púnicas que nos revelan un pasado antiguo. El geógrafo romano Pomponio Mela ya hablaba de la isla como la Isla de Iuno, la Hera griega, o la Tanit de los púnicos. Sin embargo y a pesar de su pasado, se cree que la Isla no fue un enclave habitado en la antigüedad, sino un lugar de culto y ofrendas a los dioses a los que pedían protección para la pesca y rutas comerciales.

Paseando por los acantilados repletos de musgos y con impresionantes vistas al Estrecho, los precisos cortes en la roca nos indica que pasamos por la cantera de piedra ostionera que suministró piedras para el Castillo llamado de Guzmán el Bueno o las murallas de la vecina Ceuta.

Llegamos a los pies del ‘gigante blanco’, el faro de Tarifa. Luz Guía del Estrecho que aprovechó una de las conocidas torres albarranas que se reparten por toda la costa andaluza. Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, mide 33 metros de altura y se sitúa a 48,3 metros sobre la línea del mar. Fue la noche del 30 de mayo 1822 cuando se encendió por primera vez y hoy en día sus tres característicos destellos se prolongan hacia el mar más de 30 millas.

Justo a los pies del faro, unas piedras y unas raída maderas, compone el ‘mirador ornitológico’ de la isla, ya que a pesar de ser uno de los principales enclaves e importancia en el estudio de las rutas migratorias de las aves, carece de cualquier infraestructura digna para que los estudiosos realicen en mínimas condiciones de comodidad su necesario trabajo. A pocos metros, el oleaje descubre una lasca de roca que denominada “punta Marroquí” representa el punto más meridional de Europa. El punto más al sur, del sur.

Avanzamos en nuestro paseo y desembocamos en la dársena de poniente, ‘el foso’, un desembarcadero que proporcionaba resguardo a los barcos en época de tempestades.

Y así, entre certeras explicaciones del guía y recreándonos con la belleza del entorno, vamos conociendo algo más de este bello rincón cerrado a cal y canto. Un espacio con más de 15 hectáreas útiles y 22 totales, que representa uno de los lugares de mayor valor medioambiental de la península,  que goza de la máxima protección, catalogándose como “zona de reserva A” debido a su alto valor ambiental y cultural excepcional, y que limita todos los usos y actividades que puedan significar una alteración de las condiciones ambientales. La ‘joya de la corona’ del parque natural que no brilla con la intensidad que le corresponde. La atalaya de nuestro pasado y la guía de nuestro futuro.