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Tarifaaldia

Asilah la vieja medina que sonríe al Atlántico

Asilah es en la actualidad un bastión cultural de Marruecos. Expresiones culturales representadas en numerosos festivales culturales internacionales, su Universidad y su Foro Cultural Árabe-Africano. Famosas son sus galerías de la Rue Tijara, donde se concentra una variada representación de artistas locales e internacionales en algunas de ellas

Shus Terán Reyes  |  07 de Julio de 2015 (11:29 h.)
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A 43 kilómetros al suroeste de la puerta de oriente que es Tánger, se esconde una pequeña medina que es bañada por la espuma de un verdoso océano Atlántico que es fuente de vida en la actualidad para la prosperidad de la bulliciosa y turística Asilah y que definió en el pasado su propio devenir histórico a manos de los portugueses.

 

Tras la travesía del Estrecho a bordo de uno de los rápidos de FRS, la llegada a Tánger se torna pasajera, con ganas de alejarnos de la agitada urbe y recorrer la cómoda N-1 o la autopista que nos conduzca a ese bello pueblo sucumbido a partes iguales al turismo que al arte.

 

Nos alojamos en el hotel, Zelis (nombre fenicio de Asilah). El alojamiento en Marruecos es, salvo raras excepciones que se encuentran en Tánger, establecimientos muy austeros, sin ningún tipo de confort extra. El Hotel Zelis, podría denominarse de lo mejor de la zona y además está muy bien ubicado cerca de la medina. Aunque las distancias en Asilah siempre son cortas. Son paseos en los que impregnarnos de olores, sabores y colores que rezuman de la propiedad ciudad, de sus calles, de su entorno natural, de su zoco, de sus restaurantes de su bulliciosa vida tanto diurna como nocturna.

 

De origen fenicio y pasado romano, son los portugueses quienes mediante su fortificación que rodea a la medina antigua marcarían por el 1471 la fisonomía de la localidad convirtiéndola en fortaleza para el comercio del oro sahariano. Posteriormente serían los españoles los que ocuparían la plaza hasta que en 1691 el Mulay Ismail.

 

Asilah es en la actualidad un bastión cultural de Marruecos. Expresiones culturales representadas en numerosos festivales culturales internacionales, su Universidad y su Foro Cultural Árabe-Africano. Famosas son sus galerías de la Rue Tijara, donde se concentra una variada representación de artistas locales e internacionales en algunas de ellas como en la “Aplanos, Atelier-gallerie” regentada por la pintora belga Anne-Judith Van Loock y su marido marroquí Ahmed Benraadiya. Pero es que la medina de Asilah es en sí un enorme lienzo donde la creación plástica estalla en cualquier rincón o plazuela en forma de artísticos graffitis, impensables quizás en otros lugares de Marruecos, pero que en Asilah son sellos de identidad cultural y turístico, que contribuyen en gran medida a consolidar la belleza de la medina, combinando épocas históricas, y exquisitez arquitectónica, con modernidad y explosión de colores.

 

La visita a la medina protegida por las sobrias y efectivas murallas recomendamos hacerla o bien por la Bab el Kassabah que pasa junto a la Gran Mezquita o por la Bab el Bhar o puerta del mar. En cualquier caso ambas nos llevan irremediablemente hasta la plaza Abdell Guennoun, donde se alza opulenta el monumento quizás más característico de la ciudad, la Torre de la Cámara  a la que los asileños, llaman o Al-Kamra que significa alcoba. Cuenta la leyenda, que el rey portugués Manuel cuando casó a su hija con el gobernador de la ciudad, ordenó construir esta torre de 52 metros de alturas frente a la costa mirando hacia la ciudad de Lisboa para combatir así la nostalgia que la princesa sentía por su patria. En la plaza se puede disfrutar de diferentes comercios con artesanía y el restaurante “Al medina”.

Adentrándonos por la zona suroeste, descubrimos la ciudad al remanso del mar. Unos rincones, mágicos, donde el sol se refleja en la cal de los riads y casas típicas a las que se accede por arcos apuntados y estrechas calles donde solo nos cruzamos con nuestros propios pasos o una barrendera de origen bereber. Entre callejones blancos solo quebrados por una explosión multicolor en forma de murales callejeros, arcos, piedras y zócalos azules llegamos a uno de los rincones más bellos de la ciudad. Se trata del mirador de Caraquia, también conocido como mirador de Arcila, donde, a sus pies y junto al mar, se encuentra el mausoleo  de Sidi Ahmed el Mansur, quien reconquistó la plaza para los árabes, a las órdenes de Moulay Ismail. Se trata de un lugar de enorme encanto elevado sobre la  roca de arenisca modelada por la erosión del mar y la arena al que acuden los turistas y jóvenes parejas.

 

Tras dejar el mirador, no adentramos de nuevo por el entramado de laberínticas calles en dirección sureste. Entre la Rue Jama a Ben Ayad y la Rue Borg Ghala el olor a pan recién hecho es un placer y el simpático Abdel nos aborda ofreciéndonos sus curiosas obras de artes pintadas en un extraño soporte, trozos de cartón de sacos de cementos, que publicita como un valor añadido a la propia creación. Continuamos andando, Dejándonos llevar sin ningún sentido, solo siguiendo los pasos de los asileños que nos preceden en el caminar. La tranquilidad se va rompiendo por un mayor trasiego de encuentros. Más gente y comercios abiertos donde las copias de las camisetas de los equipos de fútbol de más prestigio de Europa contrastan con un mensaje en un desaliñado expositor en el que se puede leer “Viva er Betis manque pierda. Real Betis”. Son nuestros últimos pasos antes de desembocar por la Al Homar, a la parte nueva. Al hormiguero y caótica avenida Mohamed El Hassani que aprovechando un antiguo foso mantiene en pie el mercado de Ahfir. Esta avenida converge con la comercial Avenue Hassan II. Así, a lo largo de todas esta calle se pueden encontrar numerosos comercios de especias y verduras, tiendas de ropa y calzado, restaurantes, y un sinfín de establecimientos a los que es difícil de definir.

La prolongación de la avenida Mohamed El Hassani hasta la avenida de Mohamed V, se denomina Avenue Ibn Batouta, y recorre el tramo amurallado sureste. Es allí el verdadero centro gastronómico de la ciudad. En poco más de 100 metros se agolpan numerosos establecimientos para comer. Los camareros abordan al paseante en un intento de que elija su establecimiento en lugar del vecino. En él, pescado fresco comprado en cualquier carretilla que día y noche ofrece el producto junto a los puestos de huevos cocidos y garbanzos especiados. En ellos se puede degustar desde la típica sopa Harira, hasta una fritura de pescado, pescado especiado, Keftas y cómo no, tagines diversos. Los precios son escandalosamente baratos pero se encarecen hasta equipararse con los de la otra orilla sí se pide alcohol en las comidas. Y es que aunque la venta de alcohol está restringida tiendas autorizadas, en los restaurantes que tienen permiso para servirlas y en bares y discotecas de los grandes hoteles, no es raro, que el dueño del establecimiento ofrezca al turista la posibilidad de comer con una cerveza fresca que disimula escondiéndola tras la carta de comida.

Uno de los atractivos de Asilah es la playa de Las Palomas a unos cinco kilómetros de la ciudad. A ella se puede acceder en Taxi o en un rudimentario carromato tirado por un caballo o mula. Los precios oscilan desde los 300 Dirjan del taxi a los 150 dirjan del “paseo” de una hora en el carro que además ofrece una ocasión única para conocer los extramuros y periferias de la ciudad. Sea cual sea el transporte escogido merece la pena llegar hasta la Playa de Las Palomas o de las Cuevas, llamada así porque deja visitar unas cuevas cuando baja la marea. Tras una hora en el carro, sufriendo los baches y riéndonos de la aventura llegamos hasta la costa y desde una considerable altura se divisa la extensión de la playa de arena tostada salpicada por la blanquecina espuma de un mar de tono verdoso de un vivaracho océano Atlántico.

 

Durante el verano se levantan chamizos que son restaurantes. Ahora solo aguanta el envite el “Café Tánger”. Un rudimentario cañizo con salón y una rudimentaria cocina donde se esconden sabrosas especialidades culinarias como el tajin de pescado, el Kepta o degustar unas sardinas asadas al carbón. Salvada las reticencias que la falta de higiene siempre despiertan, lo cierto es que el manjar resulta estar exquisitos y tras disfrutar del sol y del mar, Rachí, vuelve a poner los apeos de la batea a su famélico caballo “Alfredo” para deshacer el camino andado.

 

En la zona moderna se evidencia la presencia española manifestándose en la arquitectura y el urbanismo. Entre la de Mohamed V y la de Moulay Hassan Ben Madhi, frente al puerto de la localidad, se levantan unos cuantos de restaurantes de clara referencia occidental como el Conocido “Casa Pepe”, que vive más de su fama que de su resultado gastronómico o Casa García, que tiene bien ganado su prestigio. Junto al parque de Mohamed V la vida en Asilah se hace de noche y la venida se convierte en un ir y venir de familias, grupos de jóvenes, parejas que pasan las horas comiendo frutos secos y donde poder disfrutar de una cerveza en la cafetería Lixus, mientras el Muhadin llama al rezo en la Mezquita de Hassam II que rivaliza en monumentalidad con la iglesia católica de San Bartolomé construida durante el protectorado español en Marruecos.

 

Asilah se revela como un lugar cercano y a la vez distante donde disfrutar de unos días de asueto, dejándonos envolver por el misterio y exotismo del país vecino. Un lugar en el que pasar por ejemplo las vacaciones del puente de diciembre, con una temperatura agradable, un lugar por conocer o al que regresar para vivir la aventura de la tranquilidad.